sábado, 16 de julio de 2016

Caso Publicidad Cerveza Schneider - Ética y Ciudadanía - UPC


La campaña "Perdón", lanzada por la agencia Ogilvy & Mather, cuyo propósito fue  publicitar e incrementar la venta de la cerveza Schneider, consistía principalmente en plantear una similitud entre el tiempo que necesita el hombre para dejar de comportarse de forma inmadura y el tiempo que la cerveza debe desarrollar para llegar a su punto exacto de madurez, por lo cual es la cerveza ideal para el hombre inmaduro que pide perdón por dicho comportamiento. El problema al respecto, fue que la característica principal de la campaña era justificar de alguna forma aquellas acciones realizadas por los hombres (abusadores) simplemente debido a su inmadurez, pero que eran consideradas agresivas y ofensivas para las mujeres. Esta característica originó un debate sobre el poco compromiso adoptado por la agencia publicitaria y la empresa respecto a la violencia de géneros que tenía lugar en la sociedad. Por un lado, la comunidad femenina, representada por el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, que integran el Consejo Nacional de las Mujeres, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi), manifestaba su rechazo ante dicha campaña. Por otro lado, la agencia publicitaria, a pesar de haber pedido disculpas, sostenía que en ningún momento tuvo la intención de ofender a las mujeres, por el contrario, sólo deseaba evidenciar la inmadurez del hombre y las tonterías que este realizaba.


Debido a dicho debate, se puede observar que existen 2 posiciones establecidas con diferentes intereses. Por un lado, el colectivo femenino veía quebrantado su derecho a la igualdad de géneros al ser minimizado y ofendido por la empresa, ya que abordaron de manera tan superficial aquellos temas que son una problemática de la sociedad tal como la violencia de género. Por otro lado, la agencia publicitaria y la empresa, sostenían que su único interés fue desarrollar una campaña humorística que genere mayores ingresos por las ventas de la cerveza. En el texto Ética y Ciudadanía, Ramón  Ponce sostiene lo siguiente


“Hay una demanda moral- y, por tanto, algo que evaluar desde esa perspectiva- toda vez que una decisión involucre un posible conflicto de intereses con otros que podrían verse afectados por esa decisión” (pag. 26)


Debido a esto, se podría afirmar que se da lugar a un conflicto moral, ya que si la agencia publicitaria tomase la decisión de continuar con la campaña, el colectivo femenino podría verse afectado en sus intereses.
De la misma manera, se puede identificar 3 actores que son parte del debate: La agencia publicitaria, la empresa y el público. Sin embargo, para poder atribuir una responsabilidad es necesario definir a dichos responsables como agentes. En el mismo texto antes mencionado, Ponce también sostiene lo siguiente:


“Para poder atribuir responsabilidad tiene que haber un agente. Una persona puede ser un agente, pero una empresa o institución gubernamental también lo pueden ser. El agente en cuestión es, pues, un individuo o un colectivo humano que actúa; no obstante, el rasgo relevante por el que podemos atribuirle a un agente el concepto de responsabilidad no es meramente porque este pueda actuar a secas, sino por lo que presuponemos en la acción misma” (pag. 33).
En base a la cita anterior, primero se puede identificar responsabilidad causal por parte de 2 actores, siendo el primero de ellos la agencia publicitaria, ya que dicha agencia es la responsable de haber desarrollado una campaña en la cual se justifica la violencia de género por la inmadurez del hombre. El segundo responsable causal es la empresa, porque aprueba y auspicia la campaña publicitaria para su producto, la cerveza Schneider. En segundo lugar, se identifica la responsabilidad legal por parte de los mismos actores, ya que de alguna forma infringen el marco jurídico argentino contra la ley 26.485 protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, ley que en su artículo 2 manifiesta como uno de sus objetivos promover y garantizar “La remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres”. Finalmente, se puede identificar responsabilidad moral por parte de los 3 actores, la cual se desarrolla de la siguiente manera: La agencia publicitaria minimizó la denigración que se ejercía sobre la mujer al restarle importancia a temas como el acoso sexual, los defectos físicos, etc. Por su parte, la empresa es responsable por la falta de compromiso mostrado al lanzar a los medios de comunicación una campaña que ofendía de forma directa a la mujer, por ejemplo, al resaltar los defectos físicos de algunas y el “sacrificio” realizado por un hombre para lograr que su amigo se quede con la chica guapa. Asimismo, se puede atribuir una responsabilidad moral al público, pero no sólo a los que muestran un compromiso con el colectivo femenino, al reaccionar y rechazar la campaña publicitaria, sino también a aquellos que no muestran su molestia ante lo sucedido y que por el contrario manifiestan su empatía con la empresa ante un tema tan serio para la sociedad.

Ahora bien, si se tiene en cuenta el concepto de autorrelación práctica de la mujer, se podría decir este fue afectado en sus 3 niveles por los siguientes motivos. En primer lugar, el sector femenino de la población argentina se vio afectado, ya que el desarrollo de la campaña publicitaria de Schneider fue muy agresivo en cuanto al propósito de su mensaje. Por un lado, podemos ver la humillación que sufren las mujeres con las frases que exponía dicha campaña y no sólo por el tono ofensivo que tenían, sino también porque toca un tema que se vive en la actualidad en todos los países, como es el acoso sexual en las calles, y ciertamente el afiche y los spots publicitarios daban pie a que se justifique de alguna manera el hecho de cometer actos impropios en contra de la mujer, creando así un ambiente de total inseguridad. En segundo lugar, se puso en manifiesto el malestar generado en toda la población, porque ya no sólo reclamaban las mujeres sino también aquellos hombres que tenían hijas, hermanas o sobrinas, quienes evidenciaban una clara preocupación por sus familiares y rechazaban totalmente la campaña, puesto que se estaban violando sus derechos al ponerlas en un lugar de subordinación frente a aquellos actos “inmaduros” por parte del género masculino. Finalmente, las acciones de marketing empleadas por la Agencia Ogilvy & Mather no fueron las adecuadas, porque afectaron de sobremanera el autoestima de muchas mujeres, quienes se sintieron deshonradas socialmente con el lanzamiento de la campaña, solicitando el retiro de la misma y las disculpas públicas por parte de la compañía cervecera.
Debido a todo lo antes mencionado, se puede asegurar que dicha campaña fue en contra  de la autorrelación práctica de la mujer y se sustenta en lo que manifiesta el autor Alejandro León, tomando de referencia las palabras de Honnet:

“Con conceptos negativos de esta índole (violación, desposesión, deshonra) se denomina un comportamiento que no solo representa una injusticia porque perjudica a los sujetos en su libertad de acción o les causa daño, más bien se designa el aspecto de un comportamiento por el que las personas son lesionadas en el entendimiento positivo de sí mismas que deben ganar intersubjetivamente”. (pag. 68)

Por tanto, la campaña publicitaria “Perdón” de la cerveza Schneider refuerza un reconocimiento inadecuado de la mujer, ya que debilita la formación sólida de su identidad por el mal reconocimiento de su persona en la sociedad. Esto se debe a que el contenido de la campaña muestra escenas en la cual se premia el maltrato hacia la mujer, haciendo relevancia al acoso sexual, tocamientos indebidos, violación, entre otros, como algo normal, cuando en realidad son temas que van contra la moral de las mujeres; es así que puede interponerse en el cumplimiento de los niveles de reconocimiento recíproco afectando la autoconfianza, el autorrespeto y la autoestima. Asimismo, al debilitar la identidad de las mujeres podemos resaltar que existe menosprecio tal como lo afirma León en las siguientes líneas:

“Las experiencias de menosprecio constituyen lesiones que sacuden la identidad de los individuos. En este sentido, lo que peligra en las experiencias de menosprecio no es solamente la vida, el cuerpo, la identidad física, sino, más bien, la propia subjetividad, la identidad  moral, la salud psíquica, la forma en que los individuos se comprenden a sí mismos, “la humanidad del hombre”. (pag. 67)

 Por lo tanto, a través de las imágenes trasmitidas en la campaña, se afirma la humillación y discriminación hacia las mujeres, lo cual puede llevar a la desigualdad de convivencia en la sociedad construyendo conceptos generadores de violencia contra las mujeres.

Un caso similar se vivió en nuestra sociedad respecto a la campaña publicitaria de ladrillos Lark, que tuvo como imagen principal a Vania Bludau. Aunque en un principio también se generó un debate por dicha publicidad, la característica principal de la campaña fue el uso de la imagen femenina como símbolo sexual, y los mensajes subliminales y de doble interpretación usados en los spots publicitarios, que son comúnmente utilizados como “piropos” para las mujeres, pero que en realidad representan una falta de respeto a su dignidad. De esta manera, se establecieron 2 posiciones encontradas, siendo la primera de ella la de la comunidad femenina, representada por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), que expresó su rechazo a las imágenes y textos de la campaña, y por otro lado posición de la empresa, que sólo sostuvo su derecho a la libertad creativa.
Al igual que en el caso de la campaña “Perdón”, la campaña de ladrillos Lark va en contra de la autorrelación práctica de la mujer en sus 3 niveles por la siguientes razones.
En primer lugar, la campaña representa una humillación para la dignidad de la mujer, porque la denigra a un mero concepto de símbolo sexual y de deseo, sin tener en cuenta los sentimientos, valores y virtudes que cada una posee. En segundo lugar, se manifiesta una violación al derecho de las mujeres de vivir en una sociedad donde exista igualdad de géneros y no ser víctimas de publicidad sexista. Finalmente, la poca valoración a las virtudes femeninas y la relevancia sólo al aspecto físico, representa una deshonra y una subvaloración a la mujer. Por todo esto, se puede decir que dicha campaña constituye un menosprecio por el cual el colectivo femenino no es reconocido  adecuadamente en cada uno de los estadios conocidos y podría ver lesionada su identidad moral.

Si bien es cierto que la creatividad publicitaria tiene la característica  de persuadir al cliente para adquirir un producto o servicio, esta publicidad es comunicación y como tal debe ser evaluada en función a los objetivos que buscan transmitir a su público. Dicho objetivo, debe ser medido según parámetros y límites que no puedan ofender a nada ni a nadie, ni mucho menos justificar actitudes, ya que al haber mensajes en donde se vean afectados nuestra autoestima, donde nos veamos discriminados o minimizados; vamos a reaccionar para hacer respetar lo que valemos y no permitir que una publicidad nos denigre moralmente. Una empresa publicitaria debe tener muy en cuenta que los personajes que usa, los colores, las palabras, etc, no puedan afectar a la gente que va a consumir el producto o servicio ofrecido. La empresa tiene que pensar en que conflictos puede originar, saber las leyes y reglamentos que amparan una buena comunicación, ya que la publicidad es la comunicación con el consumidor final.


Edinson Marvin Egoavil Samaniego

Estudiante de Ingeniería Industrial - UPC

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